Me resultó interesante analizar cómo mi propio cerebro me había engatuzado de aquella manera. Era difícil convencerme, al menos lo suficiente como para pensar en algo durante una minima cantidad de tiempo (por distraída), pero solía confundir la realidad con la ficción de maneras impresionantes. Recordé su dulce danza en un vestido de tonos pastel, su tocado bucólico con pequeñas trenzas de ángel que cruzaban por su frente. Me decía ciertas cosas y sonreía como siempre, pero yo la veía diferente, como con más cariño del habitual y todo lo que hacía y decía me resultaba encantadoramente inocente.
Al haber tenido acceso de manera tan corta a lo platónico y a todo aquello que siempre soñé, me di cuenta de que podía hacerme sentir casi cualquier cosa y no precisamente a fuerza. Fuimos a una habitación y llegaron más personas, yo la noté triste. Tenía unos cuantos pucheros consecutivos y parecía querer decirme algo pero no encontraba el valor. En algún punto silencioso, mientras los demás se alejaban un poco de nostros, me dijo que quería tenerme solo para ella, aunque fuese por un momento, y que toda la noche había intentado que al fin pudieramos lograrlo.
Me pareció tremendamente tierna su expresión y sus palabras, así que la lleve a mi habitación. Tomé su cintura y la conduje con dulzura. Ella se sentó en mi cama y parecía un poco más animada, yo no sabía exactamente lo que pasaba conmigo porque conmigo nunca pasaba nada. Me senté a su lado mientras la observaba, ella empezó a contarme todos sus intentos vanos de estar conmigo, de tenerme a solas de una vez. Yo me acerqué abruptamente a ella en una suerte de frenesí de amor que se desató de la nada. Mi mano fría encontró la manera de entrar entre sus ropas para llegar a sus finos pechos. Ella se quedó inmóvil mientras yo la tomaba firmemente. Me dijo que no pensara que solo quería eso, que me quería y que el hablar de cualquier tema conmigo la llenaba de dicha. Mientras me hablaba tiernamente, yo sostenía uno de sus pechos y no pensaba más en mis problemas de distancia, en mi enajenación ni en mi falta de conexión con la humanidad.
La vi mirarme y me pareció perfecta, resultó ante mis ojos todo lo que en algún momento soñé sin siquiera pensarlo. Acerqué mi boca a sus labios mientras mi respiración parecía la de alguien que inicia un maratón, me incliné hacia ella y mis manos la recorrieron desde la cintura hacia arriba, tomé su rostro entre mis manos y su aroma me llenó de placer.
Me maree un poco y parpadeé unas cuantas veces, encontrándome con el techo de mi cuarto mientras recordaba que en realidad, ella estaba en su casa y yo en la mía, y todo era como siempre, sin su vestido pastel.
