¿En donde cabría toda la sensibilidad que tengo?

Si parece que no existe hasta que lo de mi alrededor me sobrepasa,

se derrama el vaso, la rana se calienta demasiado y ya no puede saltar.

Me quedo recogida y minimizada en mi propio cuerpo, que no deja de crecer así que me escondo en las esquinas de mi cerebro, intentando arreglar todo con lógica, estoicisimo y minimizando al maximo cualquier resquicio de emoción.

Solo así puedo continuar, con el peso del peso sobre mi cuerpo, los gritos internos, la música a tope, el ritmo de un nuevo oro inundando mis vibraciones, y los mantras de que todo se arregla con amor y que el dolor se tiene que dejar atrás. Pero está lleno de gente, todo el lugar y en todas partes, no hay más que gente, con todos esos pensamientos tan fuertes, tan ruidosos, tan perversos, que no percibo lo bueno y me inundo con sensaciones agresivas.

O resuelves esos problemas que ni siquiera son tuyos, o te recoges en la zona del mapa en donde no te puedan encontrar, pero lo percibes, porque puedes oirlo y sentirlo todo, y esa es la verdadera maldición.

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