Me gustas más cuando estás distraído, cuando eres ocurrente, cuando te quedas pensando un largo rato sobre algo que te tiene preocupado. Cuando te dan risa las cosas simples, cuando eres detallista, me gusta cuando responder sin pensarlo demasiado y no te equivocas.

Casi nunca pienso demasiado en lo que significas para mi, porque lo siento en el fondo de mi ser desde que entraste a mi vida. Te escribí mil cartas que no dejaban de repetir las mismas cosas que no me cansaba de decir pero que por consideración omití.

Si tuviera que explicarlo todo, existe cierta ambigüedad que me hace decir que no lo sé, que es increíble haber llegado tan lejos y que a pesar de todo sigamos así. Al final simplemente me gustas, me gusta la persona que me haces ser a tu lado, me inspiras, me calmas, me das una versión de las cosas que jamás habría llegado a mi de otra forma.

Hay tanto de mí en ti y viceversa, que quererte simplemente se siente tan natural, por el hecho de ser tú, sin tener que explicar más.

Amo ese respirar acompasado, cuando truenas los labios porque estás concentrado, me gusta cuando te apresuras y todo sale bien a pesar del riesgo, cuando inventas canciones, cuando usas frases de antaño para hacerle bullying a mis mascotas. No podría terminar de explicar, que hay tanta magia en lo cotidiano, y que la respuesta a tu pregunta constante de valoración de mi parte respecto a tu persona, es tan sencilla como el hecho de ser tú. Y eso es lo que me hizo amarte.

Deja una respuesta