Siento que dejar tanto de mí en tus manos es como arrojar el tiempo al vacío, mientras tú caminas por la vida ajeno a todo, como si nada tuviera peso.

Cada palabra tuya sobre tus planes y el futuro, cada llamada que lanzas al aire, se convierte en un imán que me arrastra, y no sé hacer otra cosa que disolverme en ti, entregándote hasta el último rincón de lo que soy.

Hubo un instante en que el drama, la intensidad y mi propia miseria se entrelazaron como un nudo enredado en el tiempo. Ahora, mientras los días se desmoronan, no sé si es mi pasado el que me acecha o si mi naturaleza obsesiva no hace más que recordarme lo poco que te tengo, lo ajeno que sigues siendo.

Deja una respuesta